Conferencia de Seguridad de Múnich 2026: que piensan los líderes occidentales de «Occidente»

El encuentro anual de la Conferencia de Seguridad de Múnich evidenció profundas diferencias en la manera de interpretar el papel de Occidente.

Publicado el 16 de febrero de 2026 por Matias Casas
Conferencia de Seguridad de Múnich 2026: que piensan los líderes occidentales de «Occidente»

La edición 2026 de la Conferencia de Seguridad de Munich reunió a destacadas delegaciones diplomáticas de Estados Unidos, Ucrania y Europa, con la relación transatlántica como eje principal. A lo largo de las tres jornadas de diálogo quedaron en evidencia dos interpretaciones contrapuestas sobre Occidente, su identidad y los valores que lo definen.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, instó a los países europeos a colaborar en la defensa de Occidente como proyecto civilizatorio compartido, mientras que la responsable de la diplomacia de la UE, Kaja Kallas, respondió que el bloque no requiere ser rescatado.

Rubio afirmó que Estados Unidos no pretende limitarse a administrar pasivamente una situación que considera deteriorada.

El secretario de Estado señaló que Washington no busca aliados que justifiquen un statu quo fallido, sino socios dispuestos a impulsar cambios reales, subrayando que su país no tiene intención de actuar como un guardián complaciente de un declive gradual de Occidente.

Los dirigentes europeos seguían con atención el discurso de Rubio, con la expectativa de que no repitiera el tono crítico que el año anterior había empleado el vicepresidente estadounidense en ese mismo escenario. La inquietud se mantenía además por el clima de tensión generado tras recientes declaraciones del presidente de Estados Unidos sobre Groenlandia.

Aunque Rubio se expresó con un estilo menos confrontativo que el de su predecesor en aquel discurso, el contenido de su mensaje apuntaba en la misma dirección: sostuvo que Occidente atraviesa un deterioro provocado por decisiones políticas erróneas, vinculadas —según su visión— a determinadas prioridades en materia climática y migratoria, y planteó la necesidad de revertir esa tendencia.

La principal diferencia fue su invitación explícita a que Europa actúe de forma coordinada con Estados Unidos. Rubio describió a Washington como una extensión histórica de Europa y afirmó que el futuro de ambos lados del Atlántico está profundamente conectado.

Tras la intervención, la presidenta de la Comisión Europea manifestó tranquilidad respecto al vínculo transatlántico, mientras que la jefa de la diplomacia europea rechazó la idea de que la Unión necesite ser “rescatada”. En esa línea, defendió que Europa no se encuentra en un proceso de desaparición civilizatoria, respondiendo indirectamente a planteamientos recogidos en un controvertido documento estratégico estadounidense que proponía revisar políticas clave, desde el clima hasta la migración.

La exclusión de Europa en el proceso de paz es un “error grave”, según Zelenski.

El presidente ucraniano afirmó que la participación europea en las negociaciones es mínima y consideró que eso constituye un fallo importante. Señaló que Ucrania está presionando para que Europa tenga un papel activo en el proceso, de modo que sus intereses y su voz sean tomados en cuenta, algo que calificó de esencial.

Europa ha quedado en gran medida al margen de las conversaciones iniciadas el año pasado, tras la reactivación de contactos entre Washington y Moscú. Los diálogos entre Ucrania y Rusia se desarrollan bajo mediación estadounidense y en sedes alejadas del continente europeo.

Esta situación contrasta con el papel de los países europeos como principales proveedores de asistencia militar y financiera a Kiev, además de su posible responsabilidad en las garantías de seguridad posteriores a un eventual alto el fuego, aunque insisten en contar con apoyo de Estados Unidos.

Paralelamente, los intentos europeos de nombrar un representante especial para estas negociaciones se han prolongado durante meses sin consenso claro. En ese marco, el presidente francés ha buscado retomar el canal diplomático con Moscú mediante el envío de un alto funcionario.

Zelenski transmitió una idea similar ante la prensa, al advertir que Putin podría intentar fracturar la cohesión de una Europa que actúa de forma coordinada, aunque destacó la claridad de Macron al explicar el contenido y el propósito de sus contactos. Durante la Conferencia de Seguridad de Múnich, el mandatario francés afirmó que el continente deberá replantear integralmente su arquitectura de seguridad ante la presión de una Rusia cada vez más agresiva.

El orden internacional, tal como se conocía, ha dejado de existir, según Merz.

El canciller alemán sostuvo que, pese a sus imperfecciones incluso en su mejor momento, el sistema global que rigió durante décadas ya no puede considerarse vigente, y advirtió que es necesario reconocer esa realidad en términos claros.

Factores como la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia, las prácticas comerciales cuestionadas y la actitud cada vez más firme de China, junto con un distanciamiento creciente de Estados Unidos respecto a aliados tradicionales e instituciones multilaterales, están reconfigurando el escenario geopolítico.

A juicio de Merz, el orden internacional sustentado en normas surgido tras la Segunda Guerra Mundial —caracterizado por una coordinación occidental bajo liderazgo estadounidense— ha dado paso a una etapa dominada por la lógica de las grandes potencias, marcada por reglas más duras y, en muchos casos, imprevisibles.

Francia y Alemania exploran una coordinación sobre disuasión nuclear, afirma Macron

El presidente francés explicó que París ha iniciado conversaciones estratégicas con el canciller alemán y otros líderes europeos para analizar de qué manera su doctrina nacional de disuasión nuclear podría integrarse en un marco común. Según Macron, este intercambio busca vincular la cuestión nuclear con una visión más amplia de defensa y seguridad, favoreciendo una mayor sintonía estratégica entre Francia y Alemania.

El papel de la disuasión nuclear —tradicionalmente garantizada en gran medida por Estados Unidos— se ha convertido en un tema de debate creciente mientras Europa reconsidera su enfoque en esta materia por primera vez desde el fin de la Guerra Fría. Este replanteamiento está motivado, en parte, por la incertidumbre sobre el alcance futuro del compromiso estadounidense con la seguridad europea.

Declaraciones recientes desde Washington, que acusan a Europa de invertir poco en su defensa, junto con advertencias sobre posibles reubicaciones de capacidades militares estadounidenses y tensiones diplomáticas con aliados, han intensificado la discusión.

Mientras Berlín parece evaluar con interés la propuesta francesa, otros gobiernos europeos se muestran más cautos. El presidente del Gobierno español, por ejemplo, alertó durante la Conferencia de Seguridad de Múnich sobre los riesgos del rearme nuclear, calificando la disuasión como un mecanismo costoso y peligroso, y señalando que un sistema que exige precisión absoluta para evitar una catástrofe no constituye una garantía sólida, sino una apuesta de alto riesgo.

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