Luego de décadas de negociación, y apenas semanas después de su firma oficial en Asunción el pasado 17 de enero, la Cámara de Diputados de la República Argentina logró la media sanción del Acuerdo de Asociación y el Acuerdo Comercial Interino entre el MERCOSUR y la Unión Europea (UE).
En el caso de lograrse la aprobación del Senado y su futura entrada en vigor, Argentina pasaría a integrar un mercado de 700 millones de consumidores y un PIB combinado que supera USD 22 billones.
Al momento de entrar en vigor, se va a triplicar la proporción del PIB global con el que Argentina mantiene acuerdos comerciales, pasando del 10% al casi 30%. En un contexto de reformas estructurales, el tratado busca otorgar previsibilidad y certidumbre a los operadores económicos, enviando una clara señal de apertura al mundo por parte de Argentina.
¿Qué gana Argentina con el Acuerdo Mercosur-UE?
Siendo un mercado de 450 millones de habitantes, la Unión Europea es la tercera economía a nivel mundial, representando alrededor del 15% del producto global. El impacto directo se sentirá en varios sectores.
La UE eliminará aranceles para el 92% de las exportaciones del MERCOSUR, además de otorgar acceso preferencial para otro 7,5%, quedando excluido solamente el 0,5%.
- Carne: El arancel actual, que oscila entre el 20% y 60%, bajará a niveles de entre 0% (cuota Hilton) y 7,5% para nuevas cuotas de 99 mil toneladas.
- Pesca: Productos como el langostino, el calamar y la merluza Hubbsi entrarán con arancel 0% de forma inmediata tras la entrada en vigor.
- Mercados regionales: Mejorarán las condiciones de acceso de varios productos que hoy enfrentan aranceles altos -frutas, frutos secos, legumbres, tabaco, hortalizas, aceite esencial de limón, mate, té, etc-.
- Biodiesel: Tributará 0% al cabo de 10 años, actualmente paga 6,5%.
- Vinos: Se eliminarán los aranceles y la UE reconocerá oficialmente 96 indicaciones geográficas argentinas, incluyendo términos como «reserva» y «gran reserva».

Otro aspecto central es la nivelación de las condiciones de acceso frente a países que ya cuentan con TLCs con la UE, como Chile, México, Canadá, entre otros. Con el acuerdo, los exportadores argentinos accederán al mercado europeo en condiciones similares al de sus competidores.
Además de los aranceles, el acuerdo apunta a reducir obstáculos menos visibles pero igual de relevantes, las llamadas barreras no arancelarias. Se establecen procedimientos y plazos claros en materia sanitaria y fitosanitaria, lo que aporta previsibilidad a los exportadores y reduce el riesgo de demoras o rechazos arbitrarios. También se crea un mecanismo de consultas bilaterales para resolver conflictos comerciales de manera más rápida y directa.
Otro aspecto clave es la estabilidad de las reglas de acceso al mercado europeo. El acuerdo busca blindar a las exportaciones argentinas frente a eventuales medidas proteccionistas o discriminatorias, en un contexto global cada vez más incierto. Al mismo tiempo, consolida un alineamiento con estándares internacionales modernos en comercio exterior, lo que permitirá que los procesos aduaneros sean más ágiles, seguros y eficientes.
En el plano industrial, el acuerdo prevé una apertura comercial gradual. El MERCOSUR excluirá de la liberalización inmediata al 9% de las importaciones provenientes de la Unión Europea, consideradas sensibles, mientras que cerca del 60% se desgravará en plazos de diez años o más. A diferencia de la UE, que eliminará sus aranceles de manera más rápida, el bloque sudamericano contará con plazos más extensos para adaptarse.
El sector automotor es uno de los ejemplos más claros, la eliminación de aranceles para vehículos de pasajeros se realizará en un plazo de 15 años, con cronogramas aún más largos —de hasta 30 años— para vehículos eléctricos, híbridos y de nuevas tecnologías. Además, se contemplan salvaguardias específicas para proteger a la industria local durante el proceso de transición.
La apertura también tendrá impacto en los costos de producción. La reducción de aranceles a insumos industriales, maquinaria y bienes de capital permitirá ampliar la oferta disponible y abaratar precios, un factor clave para mejorar la competitividad de la industria argentina.
Según las proyecciones oficiales, el impacto será significativo en el mediano y largo plazo. Las ventas argentinas a la Unión Europea podrían crecer hasta un 76% en los primeros cinco años y más del 122% en diez años, impulsadas por sectores estratégicos como energía y minería, en particular litio, cobre e hidrocarburos.

Finalmente, el acuerdo funciona como un anclaje institucional que refuerza la previsibilidad y la confianza para la inversión extranjera directa. En combinación con otros instrumentos, como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), busca posicionar a la Argentina como un destino atractivo para proyectos de largo plazo, al tiempo que contempla plazos graduales y salvaguardias para los sectores más sensibles de la economía.
La Unión Europea ocupa un lugar central en el flujo de inversiones hacia la Argentina, es la principal fuente de inversión extranjera directa en el país, con un stock que ronda los 75.000 millones de dólares y explica cerca del 40% del total.

En ese contexto, el acuerdo apunta a consolidar un marco normativo estable y previsible, que reduzca la incertidumbre y facilite las decisiones de inversión de largo plazo, alineando los intereses europeos con las oportunidades que ofrece la economía argentina.
De esta manera, una vez ratificado el acuerdo entre Argentina y la UE, el mismo entrará en vigor entre ambos de forma bilateral, sin la necesidad de que deba ser ratificado por los otros Estados Parte del MERCOSUR.
